Hace nueve años, Javier fundó PVU con una idea: devolverle algo a la sociedad a través de la educación. Hoy sostiene que, en los barrios vulnerables, el problema no son los chicos sino las oportunidades que tienen.

Javier Moyano es el presidente de la fundación PVU. Antes de crearla tenía un trabajo que lo hacía viajar mucho por el país, y en esos viajes empezó a llevar donaciones a escuelas rurales. Después, junto con un amigo que había trabajado en la Cruz Roja en Europa, decidió armar una asociación civil. Eligieron la educación como causa, aunque al principio, dice, “no sabíamos cómo”. Desde entonces pasaron nueve años y distintos barrios. Hace dos años y medio trabajan en la zona de Argüello, en Córdoba, en un aula comedor que construyeron junto con una familia del lugar.
Entrevista en audio · 37:56. Escuchá la entrevista completa. Abajo, los fragmentos más importantes por escrito.
¿Cómo surgió la idea de la fundación?
Yo tenía un trabajo en el que viajaba mucho por el país y me empezaron a interesar las escuelas rurales. Buscaba qué escuela me quedaba cerca de la ruta, iba y dejaba donaciones por mi cuenta. Después, con un amigo, decidimos armar una asociación civil para devolverle algo a la sociedad, y dijimos: con la educación vamos a poder aportar. La realidad es que no sabíamos cómo. Por casualidad, en una charla de café, escuchamos a una chica hablar de un merendero y empezamos a ayudarla con alimentos.
La alimentación siempre es una herramienta para acercarse: si uno llega con un libro, probablemente provoque desinterés; si llega con un plan de alimentación, la gente te abre las puertas.
🎧 Escuchá este fragmento: por qué es tan difícil sostener un proyecto educativo.
El tema de que nuestro objetivo principal sea la educación es que es un objetivo intangible. Entonces se hace difícil que la gente colabore, porque es muy difícil comunicar cómo un niño o una niña aprende a leer o a reconocer letras. En cambio, el alimento siempre llega, y cuando estamos construyendo, como cuando hicimos los baños, la gente se interesa un poco más porque es algo para mostrar, es material. Esto, al ser intangible, es más difícil: la gente piensa que, después de terminar de construir, ya está, y el proceso sigue.
— Javier Moyano.
Mencionaste que se fueron del barrio anterior. ¿Qué factores hacen que los chicos no puedan aprender o terminar la escuela?
En el lugar anterior las familias estaban más desinteresadas en que los chicos terminaran la secundaria. Ahí solo un 5% de las madres la había terminado, y la mayoría no había terminado ni la primaria. Donde estamos ahora hay más apoyo, porque entienden la importancia de terminar. Generalmente los padres no están capacitados para ayudar con las tareas, pero sí tienen interés en que los ayudemos nosotros.
Además, el 80 u 85% de las casas son muy precarias. Y en la escuela, imagínense a una sola maestra con 35 chicos con esta realidad: les piden avanzar y pasar de grado, y por ahí llegan a la secundaria sin saber leer o sin comprensión lectora.
El destino de cada persona está marcado por el lugar en donde uno nace.
Javier Moyano, presidente de PVU
Entonces, ¿el principal factor es la falta de apoyo de las familias?
Hay tantas necesidades básicas sin cubrir que, sobre todo los varones, a los 15 o 16 años sienten la necesidad de tener sus propios gastos. Los padres no se los pueden dar, entonces, si aparece un trabajo, casi siempre en la construcción, lo toman. Nuestro objetivo es que, aunque sea, terminen la secundaria, porque hoy para cualquier oficio se necesita ese título.
Cuando les pregunto qué quieren ser, suelen decir enfermero, policía o bombero, algo que tenga uniforme. Ninguno sueña con ser arquitecto, ingeniero o contador.

¿Cómo ves que los medios muestran la problemática de la deserción y la repitencia escolar?
Creo que no se le presta la suficiente importancia a la educación en los medios. Las noticias salen una o dos veces al año, cuando se publican los resultados de las pruebas nacionales, y después nunca más.
En cuanto al Estado, lo veo con muchísimo déficit: una sola maestra para 40 chicos de este tipo de territorio es muy poco. Si yo, de doce chicos que no saben leer, logro que uno o dos lean, estoy seguro de que si el Estado se ocupara serían diez.
Le mostramos el titular “Crece el ausentismo escolar”. ¿Se parece a lo que ves con los chicos?
Es muy difícil tener un buen nivel de asistencia en el colegio si no dormiste bien, si no te pudiste bañar. Muchas veces los chicos están 48 o 72 horas sin bañarse, y eso hace que en el colegio les hagan bullying o que nadie se quiera sentar con ellos. Son problemáticas que para ellos son cotidianas. Pero lo más cómodo siempre es criticar desde el sillón de la casa, en vez de involucrarse.
En estos nueve años, ¿aumentó la cantidad de chicos o mejoró la situación?
Ni aumentó ni disminuyó. Cada territorio tiene su situación, pero la necesidad siempre es la misma. Debería haber un gran acuerdo entre quienes manejan el país, la provincia y el municipio para poner la educación como prioridad. Pero no es redituable políticamente, porque la educación es intangible: tapar baches es visible; que una chica aprenda a leer, no.

