Juliana Vargas es voluntaria de apoyo escolar en PVU. Desde las mesas de estudio, cuenta cómo viven los chicos la escuela, qué les cuesta y qué se imaginan para su futuro.

Juliana Vargas es voluntaria de PVU desde hace un poco más de dos años. Los lunes y jueves acompaña a los chicos de primaria en las mesas de estudio, donde cada voluntario trabaja siempre con los mismos chicos para generar un vínculo de confianza. Durante una hora hacen las tareas y los cuadernillos de cada grado, y después comparten un momento de oración y la cena.
Entrevista escrita.
¿Hace cuánto sos voluntaria y cómo es un día habitual compartiendo actividades con los chicos?
Soy voluntaria en PVU desde hace un poquito más de dos años. Las actividades son los lunes y jueves con los chicos de primaria, y los martes con los de secundaria. Primero se toma asistencia y se entregan los cuadernillos de cada grado.
Después trabajamos en las mesas, donde cada voluntario acompaña generalmente a los mismos chicos, porque buscamos generar un vínculo de confianza y continuidad. Es aproximadamente una hora de actividades. Al final compartimos un momento de oración y se les sirve la cena.
¿Cómo suelen hablar los chicos sobre la escuela? ¿Qué cosas les gustan y cuáles les generan dificultades?
Por lo que pude observar, hay muchas dificultades en el aprendizaje, y no es solo una cuestión de compromiso de los chicos. Los docentes tienen alrededor de 40 alumnos por curso, y así es muy difícil acompañar a cada uno. Muchos chicos llegan a tercer o cuarto grado sin saber leer ni escribir.
Además, muchas familias no tienen tiempo para sentarse a acompañarlos en casa. Se genera un circuito en el que los chicos no reciben la atención que necesitan ni en la escuela ni en su hogar. Desde PVU intentamos cubrir parte de ese espacio, y muchas madres nos cuentan que sus hijos mejoraron muchísimo en la escuela. Incluso las maestras se lo hacen notar.

¿Qué actitudes o emociones observás cuando tienen problemas con el estudio, las notas o la asistencia?
Varios chicos sienten vergüenza, sobre todo los de secundaria, que están en años avanzados y les incomoda reconocer que tienen dificultades. También noto que les cuesta trabajar solos y entender las consignas: muchas veces esperan que el voluntario les dé la respuesta.
Pero también hay momentos muy lindos. Cuando logran resolver una actividad se emocionan muchísimo, se sienten orgullosos y se ayudan entre ellos.
¿Los chicos suelen contarles qué les gustaría hacer en el futuro? ¿Qué lugar ocupa la educación en esos proyectos?
Algunos hablan de ser influencers, tiktokers o youtubers, y muchos sueñan con ser futbolistas. Otros tienen proyectos más ligados a sus intereses: uno que estaba terminando el secundario se anotó para estudiar Medicina, y otro, muy aficionado a las cámaras, quiere estudiar Cine.
Creo que todavía falta tomar conciencia de la educación como herramienta para construir un futuro. A veces parecen más enfocados en conseguir trabajos inmediatos o changas que en una formación a largo plazo.
¿Cómo reaccionan cuando reciben ayuda o logran superar alguna dificultad escolar?
Se ponen muy felices y se nota que les genera orgullo. Pero creo que el valor de PVU no está solo en lo académico. Es un lugar donde los chicos pueden hablar, expresar sus sentimientos y sentirse escuchados. Muchos se acercan a contarnos situaciones personales que quizás no tienen otro espacio para compartir.
No debería ser una hazaña superar las condiciones de desigualdad; deberían existir herramientas y oportunidades que permitan hacerlo.
Juliana Vargas, voluntaria de PVU
¿Recordás alguna experiencia concreta que te haya marcado y que refleje la relación de un chico con la educación?
Una vez le pregunté a un nene de unos ocho años si estaba yendo a la escuela. Me respondió que no, porque a la mañana trabajaba en una obra con su tío y a la tarde entrenaba fútbol. Veía en el fútbol una salida económica para su futuro.
Otra vez, dos nenas me contaron que tenían familiares privados de su libertad y que no le encontraban sentido a estudiar, porque imaginaban que de grandes también iban a terminar en actividades delictivas. Fue muy fuerte escuchar eso. Para algunos chicos, la educación no siempre aparece como una posibilidad concreta para construir su futuro.
Le mostramos el titular “Crece el ausentismo escolar”. ¿Se parece a lo que ves con los chicos?
Hay chicos que tienen muchas inasistencias y para quienes la escuela no siempre ocupa un lugar prioritario en su día a día. No lo planteo como una cuestión de culpar a las familias, sino de entender que hay un conjunto de factores que se relacionan entre sí.
Un chico que no se alimenta bien difícilmente pueda concentrarse en clase. Incluso, mientras hacemos las tareas en PVU, muchas veces nos preguntan: “¿Cuándo comemos?”.

¿Qué aprendiste de los chicos que antes no comprendías sobre sus realidades?
Que el esfuerzo, por sí solo, no siempre garantiza alcanzar lo que uno quiere. Yo tengo buena alimentación, una familia que me acompaña, transporte y servicios básicos. Muchos de estos chicos no.
Las dificultades no empiezan ni terminan en la escuela: un chico puede querer estudiar una carrera, pero quizás recibió una educación con muchas falencias, no tiene plata para el colectivo o no tiene luz en su casa para estudiar. Por eso no alcanza con decirles que se esfuercen: también hay que generar las condiciones para que puedan construir sus oportunidades.
¿Qué opinás sobre el discurso que hay en los medios sobre este tema?
Creo que el tema no tiene la visibilidad que debería. Por ejemplo, los resultados de las evaluaciones educativas de 2025 mostraron dificultades importantes en el aprendizaje, y no tuvieron el seguimiento necesario.
También se tiende a romantizar las historias de superación. Esos logros merecen reconocimiento, pero no deberíamos naturalizar que para algunos chicos estudiar implique un esfuerzo mucho mayor que para otros. Además, siguen existiendo muchos prejuicios hacia quienes viven en barrios vulnerables. PVU está a pocos minutos de la universidad, pero probablemente mucha gente que pasa por la zona no sabe lo que sucede ahí.
